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Objetivos
Los padres, las madres, la familia como una unidad integral,
constituyen el agente educativo más influyente el desarrollo de la
personalidad del niño durante los primeros años de la vida.
Todo niño nace como ser individual en una determinada familia, y
como ser social pertenece a un grupo o clase determinado, portador
de determinadas ideas, valores, realidades y expectativas. Como ser
individual su desarrollo para llegar a ser un hombre
psicológicamente sano y un individuo multilateralmente formado,
dependerá de las condiciones de vida y educación que le rodeen desde
las más tempranas edades; como ser social, de las relaciones que
establezca desde pequeño con otros miembros de grupos fuera de la
familia y que se mueven en el ámbito de su comunidad. Esta doble
influencia se consolida con aquella que el centro infantil o el
grupo de educación no formal ejerce sobre aquellos niños que tienen
las posibilidades de asistir a los mismos, completando un sistema de
influencias que constituyen la base de todo su posterior desarrollo.
Estas estructuras interactúan con sus características y relaciones
para definir el carácter subjetivo, psicológico, de su formación, y
a su vez influyen de una manera y otra, en el carácter objetivo,
material, de su desarrollo, en dependencia de su organización y su
posición activa o pasiva respecto a las condiciones donde transcurre
su vida y actividad.
A cada centro o grupo no formal afluyen niños que aunque procedentes
a veces de una misma comunidad, son criados en el seno de muy
variadas familias, en las cuales se opera un proceso educativo
familiar que está socialmente condicionado, es decir, que guarda una
estrecha relación con las condiciones en que se educan estos niños.
Ello hace que en la educación de la primera infancia el rol que
juega la familia, particularmente los padres y madres, tenga una
importancia significativa.
La familia no es una estructura cerrada, sino que a través de ella
se filtra, por así decirlo, el sistema de influencias sociales del
medio que la rodea. Así, la familia trasmite a cada uno de sus
miembros la experiencia social que la humanidad ha acumulado en su
devenir histórico, y va formando a sus integrantes de acuerdo con
las particularidades de dicha experiencia social.
Ello hace indispensable entonces conocer aunque sea brevemente, la
dinámica y las funciones de la familia, para de ahí determinar como
el centro puede organizar su labor educativa con los niños.
La dinámica y funciones de la familia.
La familia es el grupo humano primario más importante en la vida del
hombre, la institución más estable en la historia de la humanidad.
El hombre vive en familia, aquella en la que nace, y,
posteriormente, la que el mismo crea. Se afirma que las funciones
que cumple la familia, persisten y persistirán a través de todos los
tiempos, pues esta forma de organización es propia de la especie
humana, le es inherente al hombre, por su doble condición de ser
individual y ser social.
Cada familia tiene un modo de vida determinado, que depende de sus
condiciones de vida, de sus actividades sociales, y de las
relaciones entre sus miembros. Los integrantes de la familia se
hacen una imagen subjetiva de diversos aspectos de sus condiciones
de vida, sus actividades e interrelaciones, y sobre esa base regulan
su comportamiento, aunque en la vida familiar hay importantes
aspectos que escapan a su control consciente.
Las actividades y relaciones internas de la familia se expresan en
las llamadas funciones familiares, que están encaminadas a la
satisfacción de importantes necesidades de sus miembros, en estrecha
interdependencia entre sí. El carácter social de dichas actividades
y relaciones viene dado porque encarnan todo el legado histórico
social presente en la cultura, y porque los objetos que satisfacen
esas necesidades, y la forma misma de satisfacerlas, han devenido
con la cultura en modos sociales de actuación que son transmitidos
básicamente por la familia.
A través de estas actividades y relaciones se da la formación y
transformación de la personalidad de sus integrantes. O sea, estas
actividades y relaciones internas de la familia tienen la propiedad
de formar en los hijos las primeras cualidades de personalidad y de
transmitir los conocimientos iniciales que son la condición para la
asimilación ulterior del resto de las relaciones sociales.
El concepto de función familiar, común en la sociología
contemporánea, se comprende como la interrelación y transformación
real que se opera en la familia a través de sus relaciones o
actividades sociales, así como por efecto de las mismas.
Es necesario subrayar que estas funciones se expresan en las
actividades reales de la familia, pero también asociadas a diversos
vínculos y relaciones fuera del ámbito familiar. Las funciones
constituyen un sistema complejo de interrelaciones donde su dinámica
no es viable sin cierta armonía entre ellas, y donde una disfunción
de cualquiera de ellas altera el sistema de la familia.
La familia desempeña una función económica que históricamente la ha
caracterizado como célula de la sociedad. Esta función abarca las
tareas domésticas del abastecimiento, del consumo, la satisfacción
de necesidades materiales individuales, y los cuidados para asegurar
la salud de sus miembros. Las relaciones familiares que se
establecen en la realización de estas tareas y la distribución de
los roles hogareños son de gran valor para caracterizar la vida
subjetiva del grupo familiar.
La función biosocial de la familia comprende la procreación y
crianza de los hijos, así como las relaciones sexuales y afectivas
de la pareja. Estas actividades e interrelaciones son significativas
en la estabilidad familiar y en la formación emocional de los hijos.
Aquí también se incluyen las relaciones que dan lugar a la seguridad
emocional de los miembros y su identificación con la familia.
La función espiritual-cultural comprende, entre otras cuestiones, la
satisfacción de las necesidades culturales de sus miembros, la
superación y esparcimiento cultural, así como la educación de los
hijos. Algunos autores diferencian, además la función educativa que
se despliega en buena medida a través de las otras enumeradas hasta
aquí, pues todas ellas satisfacen necesidades de los miembros, pero
a la vez educan a la descendencia, y de esta manera garantizan
aspectos de la reproducción social.
La función educativa de la familia ha tenido siempre un interés
particular para aquellos que se ocupan de la educación y desarrollo
de los niños, especialmente en los seis primeros años de la vida, en
que su influencia es determinante.
Partiendo del hecho de que en el transcurso de la actividad y la
comunicación con los que le rodean, el ser humano hace suya la
experiencia histórico–social, es obvio suponer el papel que la
familia asume como mediador y facilitador de esa apropiación. En
este sentido la familia influye desde muy temprano en el desarrollo
social, físico, intelectual y moral de los hijos, lo cual se apoya
en una base emocional muy fuerte.
Esto lleva a reconocer la existencia de la influencia educativa de
la familia, que está caracterizada por su continuidad y duración. La
familia es la primera escuela del hombre y son los padres los
primeros educadores de sus hijos.
A medida que la función educativa familiar se despliega y se hace
más compleja, las actividades educativas también van a mediatizar
toda una esfera de relaciones entre los miembros de la familia.
Los miembros de la familia experimentan la necesidad de la seguridad
emocional, que en particular los más pequeños ven satisfecha en su
relación con los padres. La identificación emocional con el hogar es
un importante factor de estabilidad psíquica para todos; esto
significa que el hogar constituye un refugio donde cada uno
encuentra la seguridad y el afecto, lo cual es particularmente
importante para el sano desarrollo de los niños.
Múltiples estudios e investigaciones han revelado las
potencialidades de desarrollo del niño desde que nace y se ofrecen
variadas formas para su estimulación desde el seno del hogar, en los
cuales se corrobora el papel decisivo de la familia en las primeras
edades.
Para la sociedad es importante que las experiencias vividas en el
contexto familiar sean positivas, sobre todo para los niños es muy
importante que sus primeras relaciones afectivas y sociales en el
seno del hogar estén caracterizadas por la armonía, la felicidad, la
compresión y el amor, sentimientos indispensables para su sano
desarrollo, lo cual hace a la familia el eslabón para facilitar la
adaptación del niño al mundo que le rodea.
Es por todo eso que a la institución infantil le es indispensable
fortalecer la relación con la familia, con los padres, madres y
otros familiares, para organizar todo el sistema de influencias
educativas, y alcanzar los objetivos que se plantean a la educación
en estas edades.
Relaciones del centro y la familia.
Los logros del desarrollo de los niños, y su apropiado ajuste
social, solo pueden alcanzarse cuando existe una unión efectiva
entre el hogar y el centro educativo.
La familia, como sistema abierto, tiene múltiples intercambios con
otras instituciones sociales, y recibe de ellas una considerable
influencia. La institución educacional se encuentra entre las más
importantes, tanto a través de la educación que le dan al hijo, como
por la influencia que ejercen de manera directa sobre los padres. El
sistema familiar a su vez actúa sobre la escuela en la medida en que
el hijo es portador de valores y conductas que reflejan su medio
familiar. Pero también los padres promueven vínculos directos e
indirectos con el centro, por el interés que tienen por la educación
de sus hijos.
Se reconoce como un principio pedagógico el carácter activo que ha
de tener el centro educativo en sus relaciones con la familia, con
vista a influir en su proceso educativo y lograr la convergencia de
las acciones sobre la formación y educación de los pequeños.
No obstante, hay que tener en cuenta que la familia cumplirá su
función formativa en la medida en que las condiciones de vida
creadas por la sociedad, las relaciones sociales instauradas y el
desarrollo de la conciencia social, contribuyan a la formación de un
determinado modo de vida hogareño. El proceso educativo familiar
está socialmente condicionado y, para comprenderlo de manera cabal
es preciso tomarlo en relación con tales condiciones.
Esto conlleva la formación de un doble vínculo: el centro educativo
proyectándose hacia la familia para conocer sus posibilidades,
necesidades, condiciones reales de vida y orientar a los padres para
lograr en el hogar la continuidad de las tareas educativas; la
familia, ofreciendo a la institución información, apoyo y sus
posibilidades como potencial educativo. De esta manera centro y
familia constituyen una unidad dialéctica, en la que cada uno existe
en función del otro, y entre los cuales se establecen
interrelaciones que están determinadas por sus respectivos objetivos
y funciones. Este sistema de interrelaciones implica de manera
indispensable la retroalimentación entre sus componentes, lo cual se
refleja de manera esquemática en el siguiente cuadro:
Proyección de la institución educativa hacia la familia.
El centro educativo, en sus relaciones con la familia tiene un
carácter activador en su dinámica interna, para poder influir en el
proceso educativo intrafamiliar y lograr la convergencia de las
acciones para el desarrollo de los niños, lo cual al tratarse de
madres y padres de niños de la primera infancia, adquiere una
dimensión mayor pues, en la mayoría de los casos, son personas aún
muy jóvenes, que por lo general carecen de conocimientos sólidos
sobre como educar a los hijos, y que, en ocasiones, tratan de educar
a los mismos siguiendo los patrones de como ellos fueron educados, o
por el contrario, de una manera totalmente diferente, extremos ambos
que resultan perjudiciales en la crianza de los niños.
En este sentido, los propósitos y finalidades del centro infantil
respecto a los padres y madres se manifiestan básicamente en tres
aspectos fundamentales:
Que adquieran conciencia de su
papel vital como primeros educadores de sus hijos.
Que adquieran los conocimientos
necesarios para poder desempeñar con éxito esta educación, en
coordinación con el personal técnico del centro infantil.
Que cooperen y colaboren con
todas las tareas que se les planteen por el centro infantil, para
lograr de esta manera una concientización de que el mismo constituye
una extensión del hogar.
Para alcanzar estas finalidades se hace indispensable organizar una
labor de educación familiar que permita la unificación de la labor
formativa y educativa de los menores.
La educación de la familia aporta conocimientos, desarrolla
actitudes y convicciones, estimula intereses y consolida
motivaciones, que contribuyen a la formación integral de los niños
que en la misma se forman. Una eficiente educación familiar debe
preparar a los padres para su autodesarrollo, lograr que se
autoeduquen y puedan autorregular su comportamiento en el desempeño
de su función formativa con sus hijos.
Uno de las principales direcciones en el trabajo de educación
familiar ha de consistir, por lo tanto, en el establecimiento de
estrechas relaciones entre la familia y los centros. Es necesario
que la familia perciba al centro infantil como una escuela que puede
contribuir a prepararlos para resolver los problemas de su vida
cotidiana: sus interrelaciones familiares, su convivencia diaria, la
educación de sus hijos, otros aspectos de su formación, y así
cumplir con éxito la responsabilidad personal y social que entraña
educar al ciudadano del futuro.
Los procedimientos para hacer más efectiva una relación positiva,
coherente, activa y reflexiva entre la familia y la institución
educativa deben basarse en la coordinación, la colaboración y la
participación de estos dos agentes. Ello ha de generar un modelo de
comunicación que propicie el desarrollo de estrategias de
intervención, estructurado de acuerdo con el contexto social y
comunitario.
El trabajo con los padres, con la familia, favorece la relación
educador–niño, y se da a través del conocimiento de la composición
familiar, las formas de crianza, los valores, las costumbres, las
normas y sentimientos, así como estrategias que utilizan en la
solución de los problemas del contexto familiar.
La multitud de facetas que conlleva la educación de la infancia
lleva a destacar la necesidad de un trabajo de equipo por parte de
los adultos que viven junto al niño y que se ocupan de su educación.
Cualquiera que sea la calidad de su formación, el educador no puede
llegar a ser un especialista en todos los problemas que se refieren
a la primera infancia y no puede por sí solo atender todas las
necesidades que se manifiesten en los distintos campos (pedagógico,
biológico, psicológico, medico, social, etc.) en la vida del niño.
Por consiguiente, es preciso organizar entre los adultos un trabajo
de equipo para poder tomar en consideración, analizar y tratar todos
los aspectos del desarrollo del niño. En este equipo encajan
evidentemente, en primer lugar los padres que, de educadores
espontáneos e incoherentes, han de convertirse en educadores
conscientes y capaces de colaborar en el trabajo que se lleve a cabo
en la escuela. En este sentido corresponde, pues, al centro un doble
papel: formar a los padres y hacer de ellos unos colaboradores
lúcidos. El niño no debe conocer dos métodos de educación, uno de
ellos familiar y el otro escolar: el ajuste coherente de las
distintas educaciones que reciba será un factor positivo de éxito.
Este concepto, ha de caracterizar el trabajo de la educación
familiar, en el que el centro ha de ser el vector principal del
proceso educativo del niño, sin que ello implique que los padres y
madres deleguen su responsabilidad educativa en el mismo, este es un
rol primario que no puede ser sustraído de los padres. Pero, que los
padres y madres tomen conciencia de su papel vital en la educación
de los hijos, se convierte en uno de los propósitos básicos del
centro, donde la información-formación de los mismos constituye una
vía importante de tales propósitos.
Sobre esta base ha de existir un continuo feed-back con los padres y
madres, de manera que los mensajes que reciben los niños sean
totalmente armónicos y coherentes en los dos ambientes centrales en
que estos se desenvuelven. Este punto, coincidencia del mensaje, es
fundamental hacerlo comprender a los padres y madres, ya que si no
difícilmente se podrá ir conformando una personalidad sana y
equilibrada en el niño, si los modelos a imitar son dispares.
El trabajo de educación familiar consiste fundamentalmente en
orientar a los padres en aspectos relacionados con la forma en que
ellos pueden y deben darle continuidad al trabajo educativo del
centro; lograr que adopten una actitud de cooperación y
participación activa en sus menores hijos en la institución, y
apoyen sus tareas y objetivos, seguros de que son los más adecuados
para obtener los resultados óptimos a los que ambos (familia e
institución) aspiran.
Vista así, la educación familiar consiste en un sistema de
influencias encaminado a elevar la preparación de los padres y
madres, así como otros adultos del medio familiar, para estimular su
participación consciente en la formación de sus hijos, en
coordinación con el centro de desarrollo infantil.
Involucrar a los padres como actores protagónicos del aprendizaje de
sus hijos adquiere sentido en la medida en que les posibilita
descubrirse potentes para propiciar, proponer y acompañar la
multiplicidad de aprendizajes que se entretejen en la trama de lo
cotidiano. Un rescate por parte de los padres de su lugar de
educador implica hacer empezar a cuestionar a la institución
educacional como la poseedora absoluta de los conocimientos válidos
y legítimos y por ende la única habilitada para instalarse en el
lugar de educadores de sus hijos.
El que padres y educadores compartan actividades en un marco
despejado de las exigencias que habitualmente acompañan a los
aprendizajes en el marco escolar, facilita la exploración, la
investigación y la búsqueda de alternativas que conducen a un
acercamiento mayor; van conformando nuevas representaciones marcadas
ahora por crecientes sentimientos de confianza sobre el apoyo que
educador le puede prestar a la familia.
En este enfoque las Escuelas de Educación Familiar constituyen una
alternativa de aprendizajes mutuos de padres y educadores. El
espacio grupal resulta un facilitador para la resignificación de los
saberes cotidianos a partir de una mirada, la reflexión y la
crítica.
Cuando un niño ingresa a un centro, la familia se encuentra, dentro
de un ciclo de vida, en aquella etapa donde la atención y cuidados
de sus pequeños se convierte en su tarea principal.
La inexperiencia de estos padres a veces los llevan a generar
ansiedades por la calidad del desempeño de su responsabilidad, y
llegan a sentir la necesidad de ser orientados por personas más
experimentadas y capacitadas, como puede ser el educador u otro
personal preparado del centro, que pueden utilizar diferentes vías
para elevar la cultura pedagógica y psicológica de esos padres.
En general la familia espera del centro educativo que ofrezca a su
hijo una educación esmerada, que le permita y ayuda a seguir
creciendo en la espiral de la vida. Esta educación se espera que se
ofrezca matizada de afecto, cuidados y atención.
Por otra parte muchos padres esperan que los educadores de sus
hijos, especialistas en el difícil arte de educar, les ofrezcan
orientaciones y métodos concretos sobre cómo educar a sus hijos de
la mejor forma; le ofrezcan también los elementos necesarios para
conocer los requerimientos psicopedagógicos de cada nuevo nivel
escolar; sobre las regularidades y características de la etapa del
desarrollo en que se encuentra su hijo.
En resumen, muchos padres esperan que la institución los ayude y
prepare mejor para cumplir su función educativa. Por su parte esta
espera de la familia que, en su seno, se produzca una continuidad
coherente de su trabajo, de sus objetivos y concepciones, que adopte
una actitud de cooperación y participación activa en la vida escolar
de sus hijos y en la propia vida institucional, que apoyen sus
tareas y objetivos con la confianza de que son los más adecuados y
eficaces para obtener el resultado esperado por ambos.
La educación familiar, con un carácter intencional y dirigido se
realiza mediante diversas vías. Entre las más usuales y productivas
se encuentran: las escuelas de padres, las consultas de familia y
encuentros individuales, las visitas al hogar y las reuniones de
padres.
Escuelas de padres.
Las escuelas de padres tienen el objetivo de contribuir a la
capacitación pedagógica de la familia, a elevar su nivel de cultura
psicológica y pedagógica, a prestar ayuda concreta en los distintos
aspectos de la educación de sus niños.
El hecho de que la organización de las escuelas de padres supone el
debate y de reflexión de un tema previamente acordado entre padres y
educadores, posibilita y exige la participación de las familias que
exponen sus dudas, opiniones, intercambian sus experiencias,
sugerencias y consejos y, llegan a conclusiones e inclusive a tomar
acuerdos acerca de conductas y estilos e seguir sobre una actuación
o problema específico. La formación educativa de las escuelas de
padres, su carácter participativo–interactivo, otorga a esta forma
organizativa de educación familiar magníficas posibilidades de
cumplir con los propósitos que se plantea: contribuir a la
concientización y su preparación para que realicen una educación más
científica de sus hijos.
Consultas de familia.
Otra alternativa para la atención a los padres, consiste en las
consultas con la familia, para abordar preocupaciones o problemas
que tengan los padres con sus hijos en el manejo hogareño, en la
atención a sus necesidades, etc. Esta atención se puede realizar por
los psicólogos y pedagogos del centro o vinculados a este y ha de
contar con la presencia del educador.
Encuentros individuales.
Los encuentros individuales tienen una máxima prioridad en el
centro. El trabajo de orientación de la familia es uno de los más
complejos en el centro, pero, ¿cómo el educador se gana el afecto y
respeto de los padres y logra mantener las relaciones más estrechas
con los mismos?. No es muy difícil dar respuesta a esta pregunta si
en el trabajo sistemático del centro se aprovecha cada momento
casual de contacto con los padres para realizar una labor educativa
con los mismos en una relación relajada y sin formalismos que muchas
veces logra más resultados que otras vías más estructuradas de la
orientación y educación de padres.
Visitas al hogar.
Las visitas al hogar aportan una información valiosa sobre las
condiciones en las que el niño vive y se educa, tanto materiales
como higiénicas y, principalmente las de carácter afectivo; permiten
conocer la composición familiar; las relaciones entre sus miembros,
el estilo educativo que predomina, entre otras, para, a partir de
este conocimiento y de la potencialidad educativa que posee la
familia, prever la ayuda necesaria, las orientaciones generales para
el adecuado cumplimiento de su función, así como, las sugerencias de
medidas y de actividades concretas cuya aplicación permita favorecer
el comportamiento infantil y estimular su desarrollo.
Reuniones de padres.
Este tipo de actividad se ha separado con toda intención de los
encuentros de las escuelas de padres, pues la reunión ofrece un
marco de contenido más amplio, y donde prevalece la función
informativa y reguladora de la comunicación entre el educador y los
padres de familia, con una gama amplia de aspectos a analizar, y que
pueden ir desde la información del curso del desarrollo de los
niños, hasta aspectos organizativos y educativos del centro
infantil.
Además de las anteriores existen otras alternativas metodológicas
disponibles para ser utilizadas con los padres, como son las
lecturas recomendadas, que muchas veces se publican en las
localidades para la educación de los padres; la correspondencia
entre los educadores y los padres; la utilización de un buzón para
las preguntas que deseen hacer los padres, que muchas veces se
articula con un mural para divulgar las respuestas a las inquietudes
generales, señalar las actividades del centro, escribir consejos
sobre algunas cuestiones del desarrollo infantil, etc.
Dentro de las alternativas metodológicas de la educación de padres
una vía muy efectiva lo son las asociaciones, comités o consejos de
padres. La integración de los padres a la propia dinámica del
centro, agrupados en organizaciones de diverso tipo que colaboren
directamente con el centro en estructuras dirigidas por ellos
mismos, ha sido comprobado por las investigaciones que constituyen
medios efectivos y eficientes en el apoyo al trabajo educativo de la
institución, y a la labor con los propios padres.
La denominación de estos grupos de padres que se organizan para
cooperar con la labor educativa del centro es muy variada, y ha de
surgir de parte de los propios padres, y tomando en consideración lo
que es culturalmente pertinente.
Entre los objetivos que se plantean estas asociaciones de padres
están:
Colaborar con el centro en el cumplimiento de las tareas
educacionales.
Velar porque las actividades del centro estén encaminadas a preparar
las bases de la educación y propiciar la interrelación más estrecha
de la familia en la comunidad, no solamente en la realización de las
tareas del centro, sino también a divulgar entre las familias las
normas pedagógicas, de nutrición y de salud que deben seguirse en el
hogar.
Las tareas principales de estos consejos o asociaciones de padres de
familia son a su vez muy variadas, entre las que se ubican:
Contribuir al cumplimiento por los padres, en el hogar, del horario
de vida que corresponde a los niños de cada grupo del centro.
Apoyar la labor educativa del centro en relación con la formación de
hábitos higiénicos, culturales y de convivencia social.
Velar por el buen desenvolvimiento de la educación y la salud de los
niños.
Contribuir a la asistencia y puntualidad de los niños, para lograr
el cumplimiento eficaz de todas las actividades establecidas en su
programa educativo.
Interesar a los padres en la adquisición de los conocimientos
pedagógicos, de salud y de nutrición necesarios para la correcta
formación de los niños en el hogar.
Promover en los padres los hábitos de lectura de libros y materiales
relacionados con la educación de sus hijos, mediante el uso correcto
de la biblioteca y los materiales circulantes.
Cooperar con el centro en la preparación de las condiciones
materiales para la realización de charlas y otras actividades
promocionales de educación de padres, así como de la divulgación
efectiva de las mismas para lograr una buena asistencia.
Apoyar las actividades orientadas para fomentar en los padres, niños
y el personal del centro, la conciencia de la importancia del
cuidado, conservación y respeto del centro.
Promover la participación de los padres en las tareas relacionadas
con el embellecimiento y mejoramiento del centro: labores de
mantenimiento, arreglo de muebles y juguetes, trabajo en el huerto y
áreas verdes, confección de material didáctico y para áreas de
juego, entre otras.
Colaborar en la celebración de cumpleaños y otras actividades
festivas, culturales y sociales relacionadas con la institución.
Colaboración en la preparación de talleres según las profesiones de
los padres.
La asociación de padres del centro podrá tener una estructura
diversa, de acuerdo con las particularidades del centro, las
condiciones de los padres de familia, etc.
Esta estructura podrá contar con un padre que ejerza como
presidente, y un grupo de padres seleccionados por ellos mismos, en
representación de cada grupo de niños del centro, y que forman un
ejecutivo, por llamarlo de alguna manera, que se reúne con una
periodicidad acordada, y que analizan las tareas del consejo, las
actividades a promover y realizar con el resto de los padres, y las
vías de apoyo y cooperación con el centro.
Al centro, como es lógico, le corresponde una acción marcadamente
dirigida a desarrollar en el niño habilidades, modos de actuar,
hábitos culturales y de aseo, entre otros, es obvio que para ello
tenga que contar con los padres que han de darle la continuidad a
este proceso, a partir de su comprensión de la necesidad de que el
sistema de influencias del hogar no contradiga a lo que establece la
institución.
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